Humedales en alerta global: su degradación agrava el cambio climático y plantea desafíos urgentes para Bolivia
- 2 feb
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Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, una fecha que este año vuelve a poner en primer plano la relación crítica entre estos ecosistemas, el cambio climático y la resiliencia de los territorios. Según la Convención sobre los Humedales (Ramsar), los humedales son ecosistemas donde el agua, dulce o salada, domina el entorno y define las características físicas, vegetales y animales. Incluyen lagos, ríos, turberas, estuarios, manglares y marismas, así como sistemas creados por el ser humano, como arrozales y embalses.
La conmemoración recuerda la adopción de la Convención de Ramsar en 1971 y busca generar conciencia sobre la acelerada degradación de estos ecosistemas. Las cifras son contundentes, desde el siglo XVIII, cerca del 90 % de los humedales del planeta se han degradado, y su desaparición avanza tres veces más rápido que la de los bosques. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que entre 1700 y 2000 se perdió aproximadamente el 85 % de los humedales originales, principalmente por el drenaje para agricultura, la expansión urbana, la contaminación y la introducción de especies invasoras.
Este deterioro tiene implicaciones directas para el cambio climático. Los humedales proveen agua dulce, filtran contaminantes, regulan el clima y actúan como barreras naturales frente a eventos extremos como inundaciones y sequías. De acuerdo con Naciones Unidas, alrededor del 40 % de las especies vegetales y animales del planeta depende de estos ecosistemas para sobrevivir. Además, el Global Wetland Outlook 2025 estima que los humedales restantes generan beneficios económicos anuales de entre 7,98 y 39,01 billones de dólares a escala mundial, reflejando su enorme valor ambiental y socioeconómico.
En Bolivia, la situación no es ajena a esta tendencia global. El país alberga humedales estratégicos de importancia internacional, como los Llanos de Moxos, el Pantanal boliviano y el Lago Titicaca, que cumplen funciones clave en la regulación hídrica, la seguridad alimentaria, la conservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático. Sin embargo, estos ecosistemas enfrentan presiones crecientes por el cambio de uso de suelo, la deforestación, los incendios forestales, la contaminación y la mayor variabilidad climática, factores que incrementan la vulnerabilidad de comunidades rurales e indígenas.
El lema del Día Mundial de los Humedales 2026, “Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebremos el patrimonio cultural”, resalta además el rol de los saberes ancestrales en su conservación. A nivel global, los pueblos indígenas gestionan una parte significativa de los territorios con mayor biodiversidad, y sus prácticas tradicionales, como el manejo del agua, la pesca estacional o la protección comunitaria de áreas sensibles, han demostrado ser herramientas eficaces para el uso sostenible de los humedales. En el contexto boliviano, estos conocimientos son particularmente relevantes en regiones amazónicas y altoandinas, donde la relación entre cultura, territorio y naturaleza sigue siendo central.
La conmemoración del Día Mundial de los Humedales deja un mensaje claro, proteger estos ecosistemas no es solo una cuestión ambiental, sino una estrategia clave frente al cambio climático. Para Bolivia, fortalecer la gestión integral de sus humedales, integrando ciencia, políticas públicas y conocimientos tradicionales, es una condición necesaria para reducir riesgos climáticos, asegurar medios de vida y avanzar hacia un desarrollo más resiliente y sostenible.




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