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Bolivia frente a la crisis forestal: datos recientes evidencian su impacto en el cambio climático

  • hace 23 horas
  • 2 Min. de lectura

En el marco del Día Internacional de los Bosques, los datos más recientes confirman que la pérdida de bosques se ha convertido en uno de los principales desafíos climáticos de Bolivia. Los bosques, fundamentales como sumideros de carbono y reguladores del clima, están siendo degradados a un ritmo que compromete tanto la estabilidad ambiental como las metas climáticas del país.

Según la plataforma Global Forest Watch, Bolivia registró una pérdida aproximada de más de 490.000 hectáreas de bosque primario en 2023, ubicándose entre los países con mayor deforestación tropical a nivel mundial. En términos acumulados, el país ha perdido más de 8 millones de hectáreas de cobertura arbórea desde el año 2001, lo que representa una reducción significativa de su capital natural forestal.

Estos procesos tienen un impacto directo en las emisiones de gases de efecto invernadero. Se estima que el cambio de uso del suelo y la deforestación representan más del 50 % de las emisiones totales de Bolivia, posicionando al sector forestal como el principal componente de su perfil de emisiones. A esto se suma la recurrencia de incendios forestales, que en años críticos han afectado millones de hectáreas, particularmente en la Chiquitanía y la Amazonía boliviana.

A nivel global, la situación sigue una tendencia similar. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima que el mundo pierde alrededor de 10 millones de hectáreas de bosques por año, principalmente en regiones tropicales. Asimismo, los bosques almacenan aproximadamente 662 mil millones de toneladas de carbono, por lo que su degradación libera grandes volúmenes de CO₂ a la atmósfera, acelerando el cambio climático.

Los impactos también se reflejan en la población. A nivel global, más de 1.600 millones de personas dependen directamente de los bosques para su subsistencia, mientras que en Bolivia miles de comunidades indígenas y rurales dependen de estos ecosistemas para agua, alimentos y medios de vida.

Pese a este escenario, los bosques representan una de las principales oportunidades para la acción climática. Iniciativas internacionales como la Forest and Climate Leaders’ Partnership promueven detener la pérdida de bosques para 2030, mientras que mecanismos como REDD+ y los mercados de carbono abren posibilidades de financiamiento climático para países forestales.

En el caso de Bolivia, esto implica no solo reducir la deforestación, sino fortalecer la gobernanza forestal, mejorar los sistemas de monitoreo y control, y consolidar modelos productivos sostenibles. Los datos son claros, sin una acción decidida sobre los bosques, será difícil avanzar hacia la mitigación del cambio climático, la seguridad hídrica y el desarrollo resiliente.

En este contexto, el Observatorio de Cambio Climático (OCC) reafirma su compromiso con la generación de evidencia, el análisis de políticas públicas y la promoción de soluciones orientadas a la protección, restauración y gestión sostenible de los bosques en Bolivia, reconociéndolos como un activo estratégico para la acción climática, el desarrollo sostenible y el bienestar de las futuras generaciones.

 
 
 

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