El ENSO no afecta a toda Bolivia de la misma manera
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El Niño ya está presente y las proyecciones son especialmente preocupantes. Según la actualización de NOAA del 9 de julio de 2026, existe un 97 % de probabilidad de que persista hasta comienzos de 2027 y un 81 % de que alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre, ubicándose potencialmente entre los mayores eventos registrados desde 1950. Aunque su intensidad no determina automáticamente los impactos en cada región, Bolivia debe prepararse para un escenario de alto riesgo climático durante los próximos meses.
El Niño–Oscilación del Sur (ENSO) constituye una de las principales fuentes de variabilidad climática que afecta a Bolivia. En términos generales, El Niño suele favorecer déficits de precipitación y sequías en el Altiplano y los valles, con efectos sobre el agua y la producción agropecuaria; también puede intensificar el calor, la sequedad y el riesgo de incendios en zonas amazónicas. La Niña, por su parte, suele asociarse con lluvias más intensas y un mayor riesgo de inundaciones, especialmente en la Amazonía y las tierras bajas.
Un nuevo estudio del Observatorio de Cambio Climático Bolivia analiza la evolución histórica de estos impactos entre 1982 y 2024, identificando diferencias territoriales y patrones recurrentes de vulnerabilidad. Los resultados muestran que los efectos de El Niño y La Niña no son uniformes ni automáticos: pueden variar según la intensidad de cada evento, la época del año y las condiciones sociales, productivas y ambientales de cada territorio.
Comprender estos patrones permite anticipar posibles impactos, fortalecer los sistemas de alerta temprana y orientar mejor la planificación territorial, la gestión del agua y las medidas de adaptación climática en Bolivia.
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